miércoles, 20 de junio de 2012


                          CARRERA ARMAMENTISTA Y ESPACIAL

Desde la década de 1960 aparecieron dos nuevas tecnologías aeronáuticas, pero ninguna tuvo el alcance que se podía haber previsto. El Hawker Harrier fue el primer avión a reacción de despegue y aterrizaje vertical del mundo. Su potente motor Pegaso de Rolls-Royce expulsaba el aire a través de cuatro válvulas giratorias
Mientras Estados Unidos aprendía las lecciones de la guerra de Vietnam, la Unión Soviética continuaba construyendo aeronaves cada vez más perfeccionadas. El Mig-23 de ala plegable y el Mig-25 3 Mach asombraron a los observadores occidentales cuando aparecieron por vez primera en la década de 1970. Las aeronaves soviéticas estaban construidas para funcionar desde bases avanzadas instaladas con urgencia y para despegar de pistas irregulares. Eran duros, pesados y poco perfeccionados a los ojos occidentales. Pero interesaban a las fuerzas aéreas de muchos países menos desarrollados, debido a su resistencia y a la capacidad de funcionar sin las instalaciones de alta tecnología que son vitales para mantener en el aire un reactor de combate occidental.
La necesidad de regular la proliferación de armas nucleares  permitió la firma Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT) firmado en 1968. En esencia, el NPT es un pacto por el que los estados sin armas nucleares se comprometen a renunciar a la investigación relativa a este armamento y al desarrollo y adquisición de estas armas, a cambio del acceso a la tecnología nuclear para uso civil. Entre los países no signatarios, sin embargo, se encuentran Israel, India y Pakistán: tres países, casi con toda certeza, poseedores de armas nucleares y que han mantenido diversas guerras en la historia reciente.
El elevado coste del desarrollo de una nueva aeronave militar ha forzado a los países europeos a colaborar. El Tornado fue el resultado de una operación entre Gran Bretaña, Alemania e Italia. Las experiencias de Vietnam aportaron dos nuevos tipos de aeronave a la USAF: el F-16 de General Dynamics y el F-15 de McDonnell-Douglas. La crisis del golfo Pérsico de 1990 y 1991 es un buen ejemplo de la medida en que la aviación militar domina la guerra moderna. A lo largo de toda la campaña, las fuerzas de la coalición mantuvieron un paraguas de aeronaves de reconocimiento y de contramedidas electrónicas sobre todo el territorio enemigo: interrumpieron las comunicaciones iraquíes, identificaron objetivos y dirigieron los ataques aéreos.
El intento norcoreano de abandonar el NPT en 1993, para evitar abrir sus instalaciones nucleares a la inspección de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), provocó la amenaza de un ataque preventivo  sobre estas instalaciones por bombarderos estadounidenses. El NPT, que en la actualidad es aceptado por unos 170 países, fue objeto en 1995 de una gran conferencia internacional para tratar sobre la expiración oficial del Tratado en mayo de ese año. Las grandes potencias poseedoras de armas nucleares y con presencia permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aseguraron la continuidad indefinida de la vigencia del NPT (entre otros acuerdos alcanzados) al permitir acciones de represalias consensuadas contra cualquier culpable de ataque nuclear o de amenazas contra un país firmante del NPT
A pesar de que el tratado nunca entró en vigor, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética prometieron respetar estos límites. En mayo de 1982 el presidente Ronald Reagan, opuesto al Tratado SALT II, lanzó su propia propuesta de un Tratado para la Reducción de Armas Estratégicas (START) , que establecería un profundo recorte en el número de misiles ubicados en bases terrestres (donde era evidente la ventaja de la URSS). Esta fue la posición negociadora estadounidense en Ginebra, pero los soviéticos rompieron las negociaciones a finales de 1983 como protesta ante el despliegue en Europa de misiles estadounidenses de alcance medio..
El 10 de septiembre de 1996, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó el Tratado Global de Prohibición de Pruebas Nucleares, ratificado por dos de las siete potencias nucleares: Francia y Reino Unido. Por su parte, Rusia (heredera del potencial nuclear soviético), China, Israel, India y Pakistán esperaban en 1999 la postura adoptada por los estadounidenses, pero el Senado de Estados Unidos rechazó el 14 de octubre de ese año ratificar dicho acuerdo, que había sido firmado en el momento de su aprobación inicial por el presidente Bill Clinton.
que la URSS exigía que se incluyera en la agenda de las conversaciones la cuestión de las armas espaciales  (previstas en la Iniciativa de Defensa Estratégica estadounidense). La URSS abandonó posteriormente esta demanda y las negociaciones directas entre el presidente Reagan y el líder soviético Mijaíl Gorvachov condujeron a la firma del Tratado de las Armas Nucleares de Alcance Medio en diciembre de 1987, en Washington. Las negociaciones continuaron tras la elección de George Bush como presidente de Estados Unidos en 1988, y en julio de 1991 firmó con Gorbachov el Tratado START I por el que se acordaba reducir el número de cabezas nucleares en torno al 25%. Este acuerdo no se llevó a cabo en su totalidad hasta 1993, cuando fue ratificado por el parlamento de Ucrania. El Tratado START II, firmado por Bush y por el presidente ruso Borís Yeltsin en enero de 1993 y sometido a la ratificación parlamentaria en ambos países, supone la eliminación de casi tres cuartas partes de las cabezas nucleares que todavía poseen Estados Unidos, Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Kazajstán
GUERRA FRIA
Carmen Soto Silva

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